Recorrí entonces varios caminos, subí, miré, andé y pensé, hasta que me dio sed. Aurelia también tenía sed. Caminamos juntas y antes de llegar a donde queríamos llegar, justo a la mitad decidimos parar y bebernos.
Santiago nos miró curioso pero guardó nuestro secreto...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario